Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que subí algo en este blog.
Que tengan una feliz navidad, y Dios permita que puedan meditar en la naturaleza profunda de esta fecha. Un abrazo a todos.
Jesús nació en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes.
Hay veces en que todo parece ir mal.
Hay veces en que nada parece funcionar, en que parece que la luz no estuviera en ninguna parte, como si los días, por más largos que sean, jamás sean tan duraderos como la noche. Así es la vida: hay un punto en el que parece que nada puede ser peor, y todos nos hemos encontrado en un punto así.
Judea pasaba por un periodo así hace 2000 años. Después de muchos conflictos con otras naciones, después de haber sido esclavizados varias veces, al fin parecía que alcanzarían un periodo de paz y estabilidad. Pero entonces aparecen los romanos y los conquistan. Les imponen su lengua y un rey que no tiene sangre real, y les arrebatan la esperanza de la paz. La esperanza es lo que sostiene a las personas, a los pueblos, a las naciones. La esperanza de que las cosas van a mejorar, de que no todo puede estar tan mal. Y ellos ya no tenían eso. Ya no había razón para seguir esperando nada, las cosas ya no iban a mejorar.
Varios cientos de años después, un pueblo celta celebra durante diciembre una festividad extraña. Los celtas se reúnen una vez al año a pasar juntos el día más corto y la noche más larga del invierno. Generalmente es también la noche más fría, y es cuando hay más nieve. El invierno ha sido largo hasta esa noche, pero esa noche es la peor. Es cuando el invierno es más Invierno que nunca.
Y hace 2000 años Nació Jesús.
Es allí, en el momento negro de la desazón que Jesús ha decidido llegar, como un centelleante punto de luminosa esperanza, como la innegable promesa de que Dios, lejos de olvidar a su creación, ha decidido bajar a ella para darle Él mismo la esperanza que tanto necesita.
Es allí, en el momento negro de la desazón que Jesús ha decidido llegar, como un centelleante punto de luminosa esperanza, como la innegable promesa de que Dios, lejos de olvidar a su creación, ha decidido bajar a ella para darle Él mismo la esperanza que tanto necesita.
Y es así en nuestra propia vida: Te sientes derrotado, controlado por cosas con las que no puedes luchar? te agobia lo que debes hacer y no puedes? has luchado y has fracasado, has intentado vencer y solo has salido más herido que antes? es el momento propicio. Jesús está a la puerta: has dicho muchas veces que no hay lugar en ninguna posada, que no quieres recibir a este niño que está por nacer. Pero aún está ese establo vacío, aún hay lugar para Él. Sólo debes decir que pase, y entrará él en tu propia historia, brillante y luminoso, llevándose la espesa oscuridad que te ha rodeado durante tanto, trayendo la Esperanza que tanto hace falta.
Y así era para estos hombres y mujeres reunidos en la noche más larga y más fría.
En el momento de mayor oscuridad ellos celebran, por cuanto saben bien que tras esta noche la luz volverá, que el invierno a tocado a su fin, que la primavera está cada vez más próxima.
¿Como ignorar tan magnífico simbolismo?
¿Como ignorar tan magnífico simbolismo?
por eso hoy celebramos navidad el 25 de diciembre. Quizás para nosotros, en este lugar del mundo sea poco significativo. Pero es preciso recordar el significado de todo esto: En el día más corto, en la noche más larga y oscura, en la cúspide del frío y la desesperanza, en el peor momento de todos, es entonces cuando Jesús llega a nosotros, como el Eterno recordatorio de que Dios nos ama y de que es Él quien trae Paz y Esperanza.
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz." Isaías 9:6
