“porque todos los grandes hombres han tenido algo de idealistas”
Bajo el alero de está cita me gustaría comenzar este ensayo.
Cercanos al bicentenario de la independencia de nuestra patria, Chile se prepara para una serie de celebraciones sin precedentes. Desde grandes proyectos cinematográficos y audiovisuales, pasando por la construcción de grandes obras públicas y llegando a grandes festivales y celebraciones masivas, los chilenos y chilenas se aprestan para conmemorar una serie de actos que terminaron por forjar el mundo que conocemos.
Sin embargo, también es este un buen momento para detenernos y reflexionar un instante, sobre que hemos llegado a ser, y que queremos seguir siendo en el futuro.
Pensemos durante solo un segundo en aquellos momentos previos a la creación de la junta de gobierno. Cierto, el motivo no era si no restaurar y proteger los derechos del rey de España, pero la palabra independencia se infiltró calladamente en el cabildo abierto.
Preguntémonos, mi estimado lector. ¿Qué es aquello que puede instar a un ser humano a buscar la independencia de su nación, a salir de la minoría de edad, como la llamaba Kants, y a llegar a la propia responsabilidad? Solo una cosa: la fe y la creencia absoluta de que de ese modo podríamos crear el mundo que queremos ver.
Si, una creencia más allá de las barreras en la justicia, y en el derecho de los pueblos de gobernarse.
En suma, fe, e idealismo.
La fuerza de estos ideales nobles en el Alma de los grades y antiguos próceres de la independencia de nuestro país les entregó las llaves de su sueño cumplido (con dolor, sufrimiento, grandes fracasos e incluso-e irónicamente-grandes ingratitudes e injusticias), pero no solo ello. La fuerza de su idealismo les entregó el camino hacia la Historia. Sus nombres pasaron a la posteridad como Héroes. Y aunque sabemos que ellos no fueron perfectos y cometieron innumerables errores, hubo un algo en ellos que les instó a obrar y a cambiar el mundo en que vivían.
Si viajamos hasta el presente, y miramos nuestra propia sociedad, es tiempo de preguntarnos cuanto de ese espíritu de fe y libertad queda en nosotros.
Es tiempo de que nosotros también despertemos de nuestra minoría de edad y busquemos el cambio que nuestra nación necesita. Pero sin la fuerza sobrenatural de la fe en Chile, en los chilenos, en los ideales y la justicia, nos estancaremos en esta adolescencia social y cultural.
Es cierto. Arrastramos grandes problemas desde los tiempos de la colonia, que ningún prócer intentó solucionar. Pero ellos ya hicieron su parte. Es tiempo de que hagamos la nuestra.
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on sábado, 9 de enero de 2010
at 1/09/2010 05:23:00 p. m.
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Delia
El día que te despida te regalaré un tulipán blanco, y dejaré en manos del mar que te lo haga llegar.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
El día que te despida te llorarán las estrellas, y tus hermanas las aves plegarán las alas en honor a ti.
El día que te despida llorará mi piano, y mis ojos.
Confío en verte antes de tener que despedirte, amiga mía.
Confío en que me esperes hasta que llegue cerca de ti.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
cuando la música cesa
Mora mi alma imperecedera oculta
En medio del Imperio de los Dragones.
Junto a la menor, mi menor oculta la primera pieza
Junto al sol, mi menor oculta la segunda pieza
Repito, mi menor oculta la tercera piezaPero junto a la menor y a mi menor,
Y junto a los dos soles,
Y Repito, a la menor,
protegida por la armonía de una estrella yace
la entrada oculta a mi alma imperecedera.