Traditional families are obsolete.  

Posted by J.

algunos de mis cercanos deben saber que Javier y yo participamos en un concurso de ensayos en inglés organizado por la embajada de Inglaterra para los colegios bilingues + windsor xD. Obtuvimos segundo lugar, y aquí lo tiene para leer. Me temo que está en inglés, por obvias razones :P



In a world that seems to be running each day faster, and a society that seems to finally have the strength to get rid of ancient and traditional prejudices that only stop the rational development of Mankind, it is important to question us whether it is time to change the traditional concept of Family, or the time to realize that we may be loosing a strong society Pillar, that may lead to a collapse in many important areas of it.

We understand a Traditional Family as “a heterosexual monogamous couple, who are married and live together, considering also all the Children (male or female) that they may have.” This definition must be considered during the whole essay.

Nowadays, it's impossible to be certain that the topic this essay is about is still current. Since at least a couple of decades, the world has been experiencing a revolution in terms of Freedom of expression, which has resulted in a lot of situations which weren’t even thinkable in ancient times. The best example of this change of mentality is the legalization of homosexual marriage in European countries like Spain – though not all examples are this extreme. Children which are born out of marriage, couples that live together before the wedding day, and even the divorce, which wasn’t an option years ago and that now is done but most of the marriages. These situations have become so popular, and the new generations see them so normal (in cases, even more normal than the “traditional families”), that the idea of family must be changed, and a new definition must be looked for it.

In consequence, we must admit that the traditional families are less common than 50 years ago, and that new types of families have appeared. Although, we must also accept that this changes in the basis of our Society haven’t been for free. Dr Deb Huntley, professor of psychology in the University of Argosy, indicates that Children from divorced parents have more chance of having behavior disorders, lower school performance, and lower auto esteem.
Also, problems as depression or emotional syndromes are becoming more usual between the couple.
Non-desired pregnancy may lead to emotional disorders, school-leaving or abortion, and sons that are born without a father seem to have problems with people of their own sex, and this may result in aggressive behavior.
But in a deeper aspect, the dissolution of the basis of the western society as understand today, may lead to consequences we cannot expect. It is evident that the wound generated to an individual that loss the mind structure of a family will certainly look for another strong structure as the lost one. This may lead to fulfill the emptiness with consumerism, for example, or violent social movements.
When the individual has lost the strongest structures, such as the family, he or she soon will want to fill the vacuum with whatever may be as strong. And soon consumerism, promiscuity, alcoholism, drugs and many more will seem a suitable answer. They will be voluntary submitting their wills to these things. And the consequences for our society are hard to understand.

In conclusion, we can say that even new types of families have appeared, the traditional kind is still source of emotional stability.
Although they are less in percentage terms, they keep being the base of society; this because the others types of families come along with a lot of complications and conflicts that aren’t present when a family is composed as it used to be before.

 

Posted by J.

Segunda versión del Cuento de Norm. Espero que en esta ocasión el secreto del final esté más claro. Hay más frases, pero en escencia, la historia es la misma.
Espero que esta esté mejor.




Norm se sentó a la mesa, y se ajustó los electrodos con suavidad. El lugar era agradable. Una chimenea al fondo, las paredes color madera, los candelabros eléctricos de imitación fuego, y los suaves acordes séptimos de un piano, que interpretaba su propia música, a imitación de ese antiguo y algo extraño jazz.
Un camarero se acercó a Norm, Tomó su orden, y luego de presionar algunos de los botones de la mesa, y otros más en el respaldo de la silla, mientras silvaba una pegajosa canción de moda, dejó frente a el un plato de pasta. La especia solitaria, verde, en la cima de la montaña italiana contrastaba con la salsa, roja y humeante.
Norm la miró, satisfecho, e hizo un ademán, tras el cual el camarero se alejó, sin abandonar su delgada tonadilla.
En las mesas que rodeaban a Norm, otros seis camareros iguales, silvando la misma melodía, servían mesas con carnes, sopas, o pescados, preparados de las más diversas maneras, sazonados con los más insólitos y exquisitos aderezos. Todos los comenzales observaban sus platos, asentían satisfechos, y despachaban a los camareros sin dedicarles palabra. Ningún camarero erraba una orden, ningún plato no satisfacía al comensal, jamás una gota se derramó fuera de una copa. La perfección misma. Y sin embargo, eso solo confirmaba que la perfección no podía ser... ni real, ni humana.
Uno o dos viejos se sentían demasiado incómodos con los electrodos, e intentaban acomodarlos cada dos o tres minutos. Los niños pequeños padecían el mismo problema, pero los jovenes y los adultos, acostumbrados a toda una vida en el mundo, comían con avidéz y satisfacción, sin jamás proferir queja alguna. La costumbre vuelve normal lo anormal, despues de todo, y finalmente, los que tienen razón se equivocan.
Cuando hubo terminado la Pasta, El camarero silvante se acercó a Norm de nuevo, y este le comunicó que deseaba una tasa de café, y un poco de chocolate.
El camarero repitió su operación con los botones, y luego sirvió la orden.
El café, servido en una fina tasa de cerámica inglesa, humeaba, con su espeso y amargo aroma. Norm inspiró suavemente, y sonrió.
El camarero se alejó, raudo.
Los minutos recorrieron con prontitud la tasa, y tras pagar, Norm se puso de pie, y desconectó los electrodos. El lugar dejó de ser tan agradable como había sido al principio. Salió del lugar, y camiNó derecho hacia El Conservatorio. La noche era fría, y oscura. Una o dos estrellas titilaban en el firmamento, pero su luz era diluida por la eléctrica luminicencia naranja de las calles de la ciudad.
Entró haciendo tintinear una campanilla sobre la puerta, en tonos agudos, pero de algún modo, apropiados. Una o dos cabezas dentro voltearon para verle, pero la mayoría estaba concentrada en sus instrumentos. Norm se sentó frente a una mesa, conectó los electrodos que pendían de ella, y esperó. Sintío un leve escalofrío eléctrico que le recorrió la espina. Pronto un muchacho joven se le acercó, le saludó con un ligero ademán y una sonrisa de familiaridad, y le entregó un violín. El abuelo de Milasen había sido violinista en su juventud, y Norm había... aprendido por su ejemplo. Dejó que la lenta suavidad de las melodías envolviese sus manos y ojos cansados, y tocó.
El prodigio de su talento no llamó la atención de ningún otro. Todos estaban absortos en su propio trabajo, su propio instrumento.
Norm sonrío, de pronto, y dejó el violín sobre la mesa. El mismo muchacho joven se le acercó, y se llevó el instrumento. Un momento antes de que el chico se perdiese detrás de unos estantes de instrumentos, Norm se sacó los electrodos, y vio como su imagen se derritió con suavidad, en el aire.
"me pregunto que pasaría si ella..."
Norm apartó esos pensamientos de su mente. No le estaban permitidos, después de todo. Muchos pensamientos eran imposibles para la gente como el.
Se puso de pie y salió del lugar, haciendo tintinear las campanillas por segunda vez. Dos o tres cabezas, las mismas que al comienzo, le vieron salir. Las demás seguían en sus melodías eléctricas.
Antes de volver a casa se permitió un paseo por el parque. El frío envolvía a los camiNantes a esas horas de la noche, pero Norm no tenía problemas. Algunos dirían que estaba acostumbrado, que esos largos paseos de noche le habían enseñado a no sentir frío. Pero no habría sido correcto explicarlo de ese modo.
Finalmente, sus pasos le llevaron a casa. Apoyó su mano sobre la cerradura, que brilló en una sencilla luz verde, reconociéndole. La puerta se abrió.
Milasen le esperaba en el interior, sentada sobre el sofá, con un libro en las manos.
Dos electrodos colgaban de sus sienes.
Norm se sentó junto a ella, y la miró dulcemente. Sus ojos de niña, sus manos inocentes. Ella apartó el libro, pero no los electrodos. Le miró como quien mira a un hermano mayor, y charlaron. Charlaron durante horas, y horas, pero finalmente Milasen se sintió cansada de Norm. No era lo que ella esperaba, y no era necesario soportarlo más.
Un breve gesto de despedida, los electrodos desconectados, y finalmente una respuesta para la pregunta del auditorio, mientras se desvanecía suavemente:
"me pregunto que pasaría si ella..."

 

Posted by J.

cuento algo extraño, cuyo final, creo, arreglaré cuando sepa como explicar mejor lo que quería explicar. Tengo una forma, pero creo que está demasiado relacionada con mi experiencia personal en estos momentos y no voy a publicar eso.
Como sea, quizás si eres lo suficientemente inteligente, sabrás que sucedía en esta historia en realidad.
Por eso cabe preguntarse
"¿estás mirando con atención?"




Norm se sentó a la mesa, y se ajustó los electrodos con suavidad. El lugar era agradable. Una chimenea al fondo, las paredes color madera, los candelabros eléctricos de imitación fuego, y los suaves acordes séptimos de un piano, que interpretaba su propia música, a imitación de ese antiguo y algo extraño jazz.
El camarero se acercó a Norm, y luego de presionar algunos de los botones de la mesa, y otros más en el respaldo de la silla, mientras silvaba, dejó frente a el un plato de pasta. La especia solitaria en la cima de la montaña italiana contrastaba con la salsa, roja y humeante.
Norm la miró, satisfecho, e hizo un ademán, tras el cual el camarero se alejó, sin abandonar su delgada tonadilla.
En las mesas que rodeaban a Norm, otros seis camareros iguales, silvando la misma melodía, servían mesas con carnes, sopas, o pescados, preparados de las más diversas maneras, sazonados con los más insólitos y exquisitos aderezos. Todos los comenzales observaban sus platos, asentían satisfechos, y despachaban a los camareros sin dedicarles palabra. Uno o dos viejos se sentían demasiado incómodos con los electrodos, e intentaban acomodarlos cada dos o tres minutos. Los niños pequeños padecían el mismo problema, pero los jovenes y los adultos, acostumbrados a toda una vida en el mundo, comían con avidéz y satisfacción, sin jamás proferir queja alguna.
Cuando hubo terminado la Pasta, El camarero silvante se acercó a Norm de nuevo, y este le comunicó que deseaba una tasa de café, y un poco de chocolate.
El camarero repitió su operación con los botones, y luego sirvió la orden.
El café, servido en una fina tasa de cerámica inglesa, humeaba, con su espeso y amargo aroma. Norm inspiró suavemente, y sonrió.
El camarero se alejó, raudo.
Los minutos recorrieron con prontitud la tasa, y tras pagar, Norm se puso de pie, y desconectó los electrodos. El lugar dejó de ser tan agradable como había sido al principio. Salió del lugar, y camiNó derecho hacia El Conservatorio. La noche era fría, y oscura. Una o dos estrellas titilaban en el firmamento, pero su luz era diluida por la eléctrica luminicencia naranja de las calles de la ciudad.
Entró haciendo tintinear una campanilla sobre la puerta, en tonos agudos, pero de algún modo, apropiados. Una o dos cabezas dentro voltearon para verle, pero la mayoría estaba concentrada en sus instrumentos. Norm se sentó frente a una mesa, conectó los electrodos que pendían de ella, y esperó. Pronto un muchacho joven se le acercó, le saludó con un ligero ademán y una sonrisa de familiaridad, y le entregó un violín. El abuelo de Milasen había sido violinista en su juventud, y Norm había aprendido por su ejemplo. Dejó que la lenta suavidad de las melodías envolviese sus manos y ojos cansados, y tocó.
El prodigio de su talento no llamó la atención de ningún otro. Todos estaban absortos en su propio trabajo, su propio instrumento.
Norm sonrío, de pronto, y dejó el violín sobre la mesa. El mismo muchacho joven se le acercó, y se llevó el instrumento. Un momento antes de que el chico se perdiese detras de unos estantes de instrumentos, Norm se sacó los electrodos, y vio como se desvanecía en el aire.
"me pregunto que pasaría si ella..."
Norm apartó esos pensamientos de su mente. No le estaban permitidos, despues de todo.
Se puso de pie y salió del lugar, haciendo tintinear las campanillas por segunda vez. Dos o tres cabezas, las mismas que al comienzo, le vieron salir. Las demás seguían en sus melodías electricas.
Antes de volver a casa se permitió un paseo por el parque. El frío envolvía a los camiNantes a esas horas de la noche, pero Norm no tenía problemas. Algunos dirían que estaba acostumbrado, que esos largos paseos de noche le habían enseñado a no sentir frío. Pero no habría sido correcto explicarlo de ese modo.
Finalmente, sus pasos le llevaron a casa. Apoyó su mano sobre la cerradura, que brilló en una sencilla luz verde, reconociendole. La puerta se abrió.
Milasen le esperaba en el interior, sentada sobre el sofá, con un libro en las manos.
Dos electrodos colgaban se sus sienes.
Norm se sentó junto a ella, y la miró dulcemente. Sus ojos de niña, sus manos inocentes. Ella le miró como quien mira a un hermano mayor, y charlaron. Charlaron durante horas, y horas, pero finalmente Milasen se sintió cansada de Norm. No era lo que ella esperaba, y no era necesario soportarlo más.
Un breve gesto de despedida, los electrodos desconectados, y finalmente una respuesta para la pregunta del auditorio, mientras se desvanecía suavemente:
"me pregunto que pasaría si ella..."