Feliz cumpleaños, con un día de retraso  

Posted by J.

Estuve esperando todo el año el día de ayer, pero las circunstancias me impidieron sentarme a escribir en el momento en que debía. Sin embargo, no he olvidado que ayer era el cumpleaños de una de mis grandes amigas, y que a pesar de no saber nada de ella hace mucho, le debía un recuerdo en este blog.
Kilos de felicidades Del, y muchas bendiciones.


Querida Del,

lamento no haber podido escribir nada ayer, pero no tuve ocasión de sentarme a escribir. La mayor parte de mis mejores amigos del colegio se marcharán de Valdivia dentro de la semana, y estamos tratando de aprovechar el tiempo juntos que queda.
Como sea, seguiré con lo nuestro.
Tuve muy presente durante todo el año el día 22 de febrero, en gran parte porque mi teléfono me lo recordaba constantemente (xD), y me preguntaba que podría escribir para esa fecha.
A pesar de que hace mucho tiempo no se nada de ti, mi deuda contigo es muy grande, y ahora que por primera vez en todos estos años tengo presente tu cumpleaños, me gustaría agradecerte las largas conversaciones, las discusiones, las carcajadas y los buenos recuerdos que me has dedicado.
Siempre pensé que serías como las demás personas con las que me crucé en Internet: que desaparecerías. Es extraño pensar que forjamos una amistad, que no te desvaneciste, que me conociste, te conocí.
No pocas fueron las personas que me decían que probablemente me estabas mintiendo, que era posible que no existieras, que me estuvieras engañando. Sin embargo, con el tiempo reconocí sinceridad y sencillez en tus palabras, y genuina preocupación por mi. Ha sido fantástico conocerte, porque eres una de las pocas personas con las que he pasado tanto tiempo, que ha visto como he cambiado, como he crecido, aprendido, caído y puesto de pie.
Me enorgullece poder decir que también te he visto a ti crecer y cambiar, que me enteré de tu historia, que finalmente encontré a alguien con alas en la espalda.
Eres una de las pocas personas con las que he discutido tanto, y eso es una razón más para apreciar la amistad que nos une. Si nos herimos gravemente, nos preocupamos también por dejar lo más sana posible las heridas que abrimos. Y las discusiones son siempre sanas para una amistad, mientras sea posible terminarlas en Paz.
Aprecio y recuerdo con gran cariño tu alegría, tu sencillez, tus palabras extrañas, el sobrenombre que me diste, los consejos, la paciencia. Me leíste antes que casi nadie, y me acompañaste en los éxitos y en las rabietas. Siempre has estado ahí, ya sea para una buena conversación sobre lugares, personas, libros, o para dedicarme un consejo o alguna palabra de aliento.

Hace mucho que no se de ti, pero confío en que estés bien, y tranquila. Confío en que quizás tu sueño se haya vuelto más reparador que Otrora, que tu cuerpo te haya dado un respiro, que hayas seguido viajando y conociendo personas y lugares, y que de cuando en cuando aún te acuerdes del extraño chico que una vez conociste por internet.

A pesar de lo Etéreo, de la distancia, del tiempo, de tantos otros obstáculos,
con gran cariño,
J.

El Jardín de Omeg  

Posted by J.


Por fin estoy escribiendo un poco. No prometo que valla a terminar este cuento. Pero al menos lo empecé. Y si les interesa, lo tengo en la cabeza hace un año.

Maese Mahesther era la clase de hombre que dan miedo sin ser terrorificos. Diríamos que Maese Mahesther infundía tanto respeto que solía dejar heladas a las personas con las que se cruzaba.
Era dueño de dos ojos negro y profundos, y cuentan en las Grandes Ciudades que en batalla, eran capaces de herrumbrar espadas y helar a los guerreros.
Su cabello, siempre rebelde, era rojo fuego, y su barba, carmesí, siempre aromática pero jamás perfumada, era corta y rústica. Su rostro, a pesar de no tener concesiones al lujo o la moda, no dejaba lugar a dudas ser heredero de un antiguo linaje de ojos oscuros, profundos y arcanos.
Maese Mahesther pertenecía a la extraña estirpe de hombres con Almas Inquietas; el tipo de personas que no resisten mucho tiempo en el mismo lugar. Es por esto que pasaba muy poco tiempo en sus dominios del sur, y casi todo el tiempo en los grandes caminos del desierto.
Fue de ese modo que su pálida piel, herencia de su madre, se volvió pronto oscura, como la de los grandes y oscuros dioses de piedra de la capital, y su voz se volvió más profunda. Pero sin lugar a dudas, lo más importante de sus viajes fue que su Curiosidad creció hasta volverse insaciable. Cada día deseaba ver las cosas más sorprendentes, aquello que ningún otro ojo hubiera visto.




Maese Mahesther se volvió, casi por casualidad, de este modo, en un gran coleccionista de historias. Mientras más exóticas, más le atraían. Mientras más veraces, más magnéticas.
Habló con los ancianos de los bares, las tabernas, los regimientos, las posadas. Habló con los soldados, los trovadores, los cuenta-cuentos, los anticuarios, los comerciantes, los viajeros. Cambió historias por cerveza, dinero, armas, caballos. Amó mujeres a cambio de narraciones extraordinarias, y cambió narraciones por mujeres extraordinarias.
Fue así como escuchó las historias que narran la génesis del mundo, las primeras grandes guerras, las historias del tiempo en que el mundo era del tamaño de un pañuelo y los hombres podían viajar de un continente a otro en una sola noche, merced de grandes maquinas de metal.
Escuchó las historias de las grandes explosiones, de los vientos venenosos y el siglo del silencio, hasta el momento en que su propia historia se mezclaba con las historias que le contaban los que se cruzaban en su camino.
Sin embargo, la más sorprendente de todas las historias fue la historia del Jardín de Omeg.

 

Posted by J.

hoy es 12, pero ayer no pude sentarme al computador, así que no importa.

El numero 11 se comienza a volver importante. Antiguo numero.