El Jardín de Omeg  

Posted by J.


Por fin estoy escribiendo un poco. No prometo que valla a terminar este cuento. Pero al menos lo empecé. Y si les interesa, lo tengo en la cabeza hace un año.

Maese Mahesther era la clase de hombre que dan miedo sin ser terrorificos. Diríamos que Maese Mahesther infundía tanto respeto que solía dejar heladas a las personas con las que se cruzaba.
Era dueño de dos ojos negro y profundos, y cuentan en las Grandes Ciudades que en batalla, eran capaces de herrumbrar espadas y helar a los guerreros.
Su cabello, siempre rebelde, era rojo fuego, y su barba, carmesí, siempre aromática pero jamás perfumada, era corta y rústica. Su rostro, a pesar de no tener concesiones al lujo o la moda, no dejaba lugar a dudas ser heredero de un antiguo linaje de ojos oscuros, profundos y arcanos.
Maese Mahesther pertenecía a la extraña estirpe de hombres con Almas Inquietas; el tipo de personas que no resisten mucho tiempo en el mismo lugar. Es por esto que pasaba muy poco tiempo en sus dominios del sur, y casi todo el tiempo en los grandes caminos del desierto.
Fue de ese modo que su pálida piel, herencia de su madre, se volvió pronto oscura, como la de los grandes y oscuros dioses de piedra de la capital, y su voz se volvió más profunda. Pero sin lugar a dudas, lo más importante de sus viajes fue que su Curiosidad creció hasta volverse insaciable. Cada día deseaba ver las cosas más sorprendentes, aquello que ningún otro ojo hubiera visto.




Maese Mahesther se volvió, casi por casualidad, de este modo, en un gran coleccionista de historias. Mientras más exóticas, más le atraían. Mientras más veraces, más magnéticas.
Habló con los ancianos de los bares, las tabernas, los regimientos, las posadas. Habló con los soldados, los trovadores, los cuenta-cuentos, los anticuarios, los comerciantes, los viajeros. Cambió historias por cerveza, dinero, armas, caballos. Amó mujeres a cambio de narraciones extraordinarias, y cambió narraciones por mujeres extraordinarias.
Fue así como escuchó las historias que narran la génesis del mundo, las primeras grandes guerras, las historias del tiempo en que el mundo era del tamaño de un pañuelo y los hombres podían viajar de un continente a otro en una sola noche, merced de grandes maquinas de metal.
Escuchó las historias de las grandes explosiones, de los vientos venenosos y el siglo del silencio, hasta el momento en que su propia historia se mezclaba con las historias que le contaban los que se cruzaban en su camino.
Sin embargo, la más sorprendente de todas las historias fue la historia del Jardín de Omeg.

This entry was posted on miércoles, 16 de febrero de 2011 at 2/16/2011 10:45:00 p. m. . You can follow any responses to this entry through the comments feed .

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