Laigh conducía por la carretera, presa del calor, el tedio y sobre todo, un gran dolor de estomago.
Definitivamente había sido un error no haber pasado a la última gasolinera, por un baño.
Ahora la siguiente estaba a 40 kilometros, y un enorme sufrimiento.
Laigh se arrepentía.
además, no tenía sencillo para pagar el peaje que se acercaba a una velocidad desagradable.
Solo uno de esos grandes billetes que servían únicamente para comprar electrodomésticos, porque todo lo demás era muy barato para ellos.
Si, uno de los billetes verdes-morados, de los desagradables que sirven para levantar el ego de los que miden la dignidad en dinero.
tendría que esperar mucho tiempo en la casilla del peaje para que la persona que atendía entregara su cambio y el comprobante de pago. Eso si sería problemático.
por supuesto, existía la posibilidad...
no, Laigh no iva a permitirse pensar en esas estupidas ideas denuevo.
No porque fueran tan entretenidas eran buenas.
Solo le distraían. Concentración Laigh! estás realizando un viaje muy largo!
Aunque...
bueno, era una posibilidad tambien. Había que contemplarla.
¿Y si la chica que atendía en el peaje era ella?Ella, obviamente, la imagen perfecta, la muchacha anhelada. La de cabello Rojo, unos ojazos verdes y una mirada simple y sin tapujos.
Con la delgadez justa y suficiente, y una voz suave y conciliadora, de esas de profesora de enseñanza básica. De esas que hacen reir.
Era obvio e inevitable que una muchacha de esas características debía tener una personalidad maravillosa. Una honestidad a toda prueba, y un gran sentido del humor. Eso seguro.
La vida no se puede vivir sin sentido del humor, bien lo sabían los ingleses, aunque no todos lo practicaran. Pero el tema no eran los ingleses, claro que no, era la chica que cobraba el peaje.
Con una personalidad como esa, ¿porqué estaría ella cobrando peaje? Seguro que tenía una gran fuerza de voluntad, y era responsable. ¿Porqué no habría buscado un mejor trabajo?oh, por supuesto, era inevitable que una muchacha de esas características y esa personalidad tuviera una vida triste. Seguro que algún familiar estaba muy enfermo y trabajaba durante el día para costear el tratamiento. E incluso puede que estudiara durante las noches. ¿ porqué no?
quizás tenía solo turnos diarios. O quizás no.
Era posible, seguro.
Laigh no se percató que mientras vagaba en su mente el peaje se había acercado peligrosamente.
Comenzó a ponerse nervioso.
¿que le diré? se preguntó.
Seguro que lo más sabio para empezar una conversación con ella...
oh, diablos! no se puede hacer una conversación en un peaje¿ o si? retrasaría a los otros autos.
Y una persona de tan altos valores jamás se permitiría algo así.
Tendría que entregarle su numero de telefono con el billete enorme. Si! esa era una posibilidad. No una gran solución, pero al menos una forma de no permitir que la mujer de sus sueños se escapara detrás de el. Era extraño pensar en que ella se escaparía porque el se movía, cuando era el quien deseaba quedarse.
No importaba. Las paradojas para despues.
Santo Dios! allí estaba!
El auto de Laigh se había detenido, esperando a que los dos vehículos frente a el pagaran su peaje.
Los celos lo deboraron.
¿No sería posible que alguno de ellos tambien estuviera entregando su numero de telefono entre esos billetes amarillos o rojos? oh, catástrofe de las catástrofe ¿y si quizás ella decidía llamarlo a él, pero tomaba el numero de otro? Que terrible error! que gran pérdida!
pero aparentemente el primer auto pasó sin problemas. Siguió camino raudo y veloz, concentrado en el camino evidentemente, y no pareció demasiado interesado en hablar con la chica.
Al menos una amenaza menos, pensó Laigh, relajando los músculos que inconsientemente había tensado. Esta vez no notó la paradoja linguistica. Laigh era de los que se hacía caso a si mismo.
El segundo auto pasó. Pero no produjo la misma tensión. Mal que mal, el conductor de ese auto era mujer también.
Ahora era su turno. El nerviosismo lo carcomía. Una sensación incomoda le subió por las piernas y el estómago. Era ansia. Y era muy fría. y empeoraba su dolor de estomago inicial.
El auto llegó junto a la ventanilla.
-son 1700 pesos- dijo un muchacho joven, de cabello castaño, con la aguda voz propia de los que comienzan a ser hombres. Tenía una espinilla en la ceja izquierda.
Laigh pagó con su billete enorme, ausente. El vuelto se demoró, y Laigh se aburrió.
Al menos ahora tenía sencillo.
Siguió su camino, ausente. El auto avanzaba, la mente de laigh permanecía helada, detenida.
Pasó a la gasolinera 40 kilometros más adelante, y relajó su maltrecho estómago.
Se detuvo media hora.
Siguió su camino, y muchas horas despues vió a lo lejos un peaje.
"en esta si que si!"
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on domingo, 7 de marzo de 2010
at 3/07/2010 06:17:00 p. m.
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Delia
El día que te despida te regalaré un tulipán blanco, y dejaré en manos del mar que te lo haga llegar.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
El día que te despida te llorarán las estrellas, y tus hermanas las aves plegarán las alas en honor a ti.
El día que te despida llorará mi piano, y mis ojos.
Confío en verte antes de tener que despedirte, amiga mía.
Confío en que me esperes hasta que llegue cerca de ti.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
cuando la música cesa
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Junto a la menor, mi menor oculta la primera pieza
Junto al sol, mi menor oculta la segunda pieza
Repito, mi menor oculta la tercera piezaPero junto a la menor y a mi menor,
Y junto a los dos soles,
Y Repito, a la menor,
protegida por la armonía de una estrella yace
la entrada oculta a mi alma imperecedera.