en consideración a mi amiga Del, subo a este blog la más ansiada de mis entregas... mi proyecto más serio... mi carta premiada... mi caballito de batalla... Llueve afuera! jajajaj
Llueve afuera nuevo. Despues de la reestructuración de la historia.
Llueve afuera y hace frío.
Valla frío.
Ha sido un invierno especialmente duro.
El viento sopla meciendo las hojas rojas de los árboles en el campus.
Que recuerdos!
Las hojas rojas…
Suspiro.
Igual que hace dos años, me da la impresión de que estoy narrando de nuevo mentalmente. Que costumbre!
Ha pasado tanto de aquello!
O así me parece.
Dos años no es tanto.
El cielo es gris, y las gotas de Lluvia son algo gruesas.
Me fascina el sonido que producen al caer sobre el piso y las latas y las personas.
Sobre todo en las personas.
Esto de narrar era útil en otro tiempo.
Como podía recordar con precisión, todo cuando decía, básicamente era como tener un diario de vida extremadamente minucioso, y en ocasiones los registros era muy útiles.
Me encamino al casino.
Tanto recuerdo me abre el apetito.
Algunos de mis compañeros de carrera están repasando los últimos minutos.
Dentro de un rato tendremos un certamen.
Me temo que a mi no me preocupa. Puedo recordar todo lo que hemos dicho en los últimos cinco meses en clase sin el menor error.
Uno de mis dones.
Compro algo de comida mientras espero a que llegue la hora de entrar.
Luego vendrá la prueba. Erraré adrede algunas respuestas, pero tendré un buen puntaje.
No me gusta llamar la atención.
Luego almorzaré y tendré más clases.
No es que me interese cuantos ramos sean. Solo con estar presente adquiero los conocimientos.
Luego partiré a la pensión.
Y el día terminará al igual que todos los demás antes que este, y seguirán así indefinidamente.
O puede que esta noche me decida y salga a practicar un poco.
Un poco de dinero no me vendría mal.
Así, casi sin darme cuenta, el día recorrió su camino tal y como me imaginé. Igual que siempre.
Ahora es de noche, pero sigue lloviendo.
Siento que necesito un cambio, así que me pasaré por el Bar Knossos, para hacer una presentación, siempre y cuando Alfred me lo permita.
Tomo el autobús que me lleva al centro de la ciudad. Está bastante vacío.
Pago sin mirar al conductor y me siento.
Este lugar ha cambiado bastante en el último tiempo.
Se han abierto más comercios y dos casinos nuevos, por extraño y sobre poblado que parezca.
El tráfico también se ha elevado, y probablemente el número de autos sea el doble que el mismo mes del año anterior.
Al llegar a mi destino me bajo pensativo.
¿Porque una ciudad tan pequeña tendría tan repentina explosión de gente y recursos?
La respuesta son los Artistas, claro.
Obra de Likidel.
La avenida está atestada de gente, y en el cielo no se alcanzan a divisar estrellas.
El bullicio me es agradable: ya me he acostumbrado a el. El sonido inevitable de los claxon sonando de cuando en cuando, y el constante hablar de una multitud sin rostro. El rugido de los motores, y el constante aparecer y desaparecer de música estridente dentro de algún auto arreglado.
Estoy seguro de que por lo menos uno de esos autos es de un Artista.
Llego al bar.
Sobre la entrada hay un gigantesco cartel de neón que tiene en letras rojas brillantes y parpadeantes la palabra Bar, en azul constante una enorme letra “K” y el resto del nombre “nossos” en rojo de nuevo.
El nombre fue puesto en Honor a un sitio arqueológico que Alfred visitó algunos años antes de convertirse en Artista y poner el bar, en la ciudad, en
Abro la puerta, y las campanillas sobre ella anuncian mi llegada.
El interior, igual que el exterior, está atestado de gente.
Me encamino a
- y si puedes, dile a Alfred que Peter le busca.-
-seguro- me responde.
Me dedico a observar la fauna de esta noche en el local.
Las mesas están llenas, la barra a medio llenar.
Las camareras, como siempre, con demasiado trabajo para ellas dos.
En el escenario hay un conjunto de música jazz tocando, sin vocalista.
Por algún motivo, a los miembros del Gremio y a los mágicos en general les gusta la música sin letra.
El chico vuelve con mi cerveza y acompañado. Es veloz, realmente.
Alfred salta la barra y me mira.
Yo le sostengo la mirada hasta que de pronto el dice
-¡Peter!-
-¡Alfred!-
Nos abrazamos golpeándonos las espaldas con fuerza, y una o dos cabezas voltean para mirarnos.
-viejo amigo, ha pasado mucho tiempo-me dice, tomando asiento junto a mi. Es un hombre sabio, realmente. Si me hubiera invitado a pasar al salón especial, donde se reúnen los Mágicos, me habría sentido muy incomodo. Además, hoy quiero actuar.
-no ha pasado tanto Alfred. Solo quizás, tres meses ¿no?-
-si, algo así. El público ha extrañado las apariciones de Peter el encantador en el escenario. Les gusta la música, claro, pero coincidentemente a mis clientes humanos también les atrae la magia. Y tus trucos son los mejores de todas las ciudades circundantes. Tu fama en el ilusionismo no es poca amigo.-
-si, ese es el motivo por el que he dejado pasar un tiempo antes de volver. No me gusta llamar la atención más de lo necesario. En caso de que cometiera un error y quedara al descubierto mi verdadera naturaleza… lo mejor es que sea la menor cantidad de personas las que me vean.-
No puedo dejar de pensar, aunque intento no hacerlo “es mejor que sean la menor cantidad de recuerdos que borrar, de mentes que manipular.”
-pero esta noche nos deleitaras con tu Arte, ¿verdad? Nos lo merecemos.-
-si, si a ti y a ti conjunto Jazz no les molesta-
-yo no tengo problema, y si yo no lo tengo, ellos tampoco- responde, riendo.
Se voltea y les hace gestos a los músicos para que dejen el escenario.
-¿harás tú todo el tema de las luces también?-
-si, quiero ver que tal recuerdo el asunto de mover
Antes de empezar recuerdo algo importante.
-Al, necesitaré a la señorita Sumeragui, como siempre. Dile que valla detrás del escenario, y que lleve una vela.
Alfred asiente con la cabeza, y una sonrisa fugaz le recorre el ancho y regordete rostro.
No ha cambiado mucho.
El conjunto termina y un presentador en el escenario los despide, haciendo que el público aplauda. Curiosamente, son pocos los que están ebrios. Quizás es muy temprano.
Luego el hombre baja, y decido comenzar.
Alfred observó a luis despedir al conjunto. Le había dicho que ese ridículo smoking celeste estaba prohibido, porque rompía el esquema del espectáculo siempre.
Pero el muy tarado seguía usándolo.
Cuando volteó para decirle a Pete que comenzara, notó que el chico ya no estaba junto a el. El show había comenzado.
Las luces lentamente perdieron intensidad en todo el bar.
El público, sorprendido, miró en todas direcciones, temiendo una baja de voltaje y quizás la ruina de su salida nocturna.
Pero cuando notaron que hasta las velas brillaban menos, se esperanzaron.
Docenas de ojos se fijaron en el escenario, ansiosas, anhelantes.
De pronto, una voz profunda y calmada, resonante, retumbante, que parecía salir de las paredes mismas comenzó a hablar.
“esta noche, afortunados espectadores, seréis testigos de una Obra de Arte.
Os encontraréis en presencia de sucesos Imposibles, Inexplicables.
Notaréis que la línea, que divide la realidad de los sueños se difumina frente a sus ojos, como si fuera hielo junto a una vela.
No temáis.
La magia no os hará daño alguno.
Pero recordad siempre: tenedle el respeto que se merece. De otro modo, Ella se puede volver contra vos.”
Entonces una silueta apareció en el escenario, repentinamente, sin que ningún objeto lo hubiera cubierto antes.
El público estalló en aplausos, y las luces recuperaron su intensidad vagamente.
-los saludo, queridos espectadores.- dijo el joven sobre el escenario.- en este lado del mundo, me conocen como el Gran Peter, el Encantador de Dragones.-
El público repitió sus vítores. Era la gran atracción del bar Knossos.
El joven comenzó a moverse por el escenario. Llevaba un smoking negro y una camisa blanca, una rosa roja en la solapa y una pulsera de oro en la muñeca izquierda. Había quienes decían en aquella época, que era esa joya la que le daba sus poderes al Encantador.
-para comenzar mi acto- dijo- no haré nada especialmente extraordinario.
Simplemente, robaré el fuego de todas sus velas.
Los espectadores se movieron confusos en sus asientos.
¿A que se podía referir?
Alfred sonrió desde
Maravilloso.
Lentamente, una joven asistente acercó una vela al Mago.
-comenzaré por esta vela, para luego tomar todas las demás.-
El joven recibió el instrumento en la mano.
Luego, la apoyó en una mesa junto a él.
La asistente encendiola, y entonces el mago comenzó a recitar las palabras mágicas.
“ movelium, espector finolum, valarus rival en sek”
La llama se balanceó ligeramente, y luego, para sorpresa de toda la audiencia esta se alejó de la vela, y se mantuvo flotando independiente en el aire.
Aplausos.
Luego el mago comienza a hacer una serie de movimientos que recuerdan vagamente a artes marciales, y la llama se mueve de un lado a otro en el escenario.
Luego baja hasta las mesas, y pasa una por una, tomando y absorbiendo las llamas de las velas en estas.
Finalmente, la bola de fuego vuelve al escenario y el mago la mantiene flotando sobre su cabeza.
-no tienen idea del calor que da esto-comenta.
Luego, la última parte del truco.
-mi querida audiencia, ahora, yo, Peter el Encantador, procederé a comer este fuego.-
La audiencia aguanta la respiración, y la tensión es irresistible.
La bola de fuego se acerca a la boca del joven y lentamente comienza a perder la forma esférica, conforme entra en el cuerpo del ilusionista.
Entonces, en el clímax del truco, la gran esfera estalla, y todo el escenario queda invadido por una luz irresistible.
Un estruendo acompaña el suceso.
Es entonces cuando los espectadores, atónitos, contemplan el prestigio múltiple del truco:
El mago está sano y salvo en el escenario, mientras que todas las velas del local tienen sus llamas respectivas.
El bar se llenó de aplausos, que ininterrumpidos duraron por lo menos quince minutos.
