Este cuento tiene un final alternativo, que subiré dentro de poco. En consideración al consejo de Javier, publico esta primera versión, porque es más un cuento que otra cosa. La segunda versión es más real. O menos, si entiendes a que me refiero.
Desperté frente al puente, con frío, y empapado.
Todo lo que sabía en ese momento es que estaba soñando. Pero eso no me quitaba el frío, ni me secaba. Los sueños suelen ser muy reales.
el puente era pequeño, de madera. No muy antiguo. Conectaba un extremo del risco con el otro, en el paso montañoso más importante de la guerra. Estaban envueltas muchas naciones, pero este lugar en especifico implicaba a a dos pequeñas repúblicas y una gran potencia industrial.
El ambiente era parecido al 1890.
Las ventajas de ser el Soñador del sueño era saber mucho acerca de todo.
El quinto de linea de la República del Este era un batallón muy pequeño. El General Haran (en ese momento supe con toda seguridad que su nombre se me olvidaría cuando despertase) Había movilizado gran parte de las tropas hacia el sur, protegiendo el frente más vulnerable del país. Haran había ordenado que pequeños batallones se encargasen de la protección de determinados puntos estrategicos, y el Quinto tenía que proteger uno de los tres puentes que había en el paso de las Montañas del Oeste. Y eso les daba miedo.
El oficial al mando era El Teniente Mirhan. Y también tenía miedo, pero no podía revelarselo a sus hombres.
Cuando llegué, los soldados conversaban, pero con las armas listas. Los fusiles y las pistolas estaban preparados y cargados, porque no podían permitirse ser sorprendidos por el enemigo.
Supuse que mi llegada implicaba que algo importante pronto ocurriría, así que me quedé donde estaba.
Mirhan me vio, pero no profirió palabra. Supuse que sería hijo o nieto de algún otro hombre o mujer de un sueño, y que sabría quien era. A Rosalía, mi primer sueño, le había pedido que le contase a su familia de mi existencia, y había sido provechoso. Solía encontrarme con descendientes de Ella.
Su recuerdo me pesó.
Sin embargo, no tuve tiempo de sentirme compunjido. Mi oído de soñador, siempre más fino que en la realidad, había alcanzado a percibir el acercamiento de un grupo reducido de hombres. A pesar de no ser demasiados, eran más que el Quinto.
Mi cuerpo en mi cama se retorció, intentando despertar. Odio los sueños en los que los personajes principales fracasan. Pero por algún motivo (probablemente la clase de educación física) el cansancio fue más, y seguí durmiendo.
Mirhan los percibió pronto también, y Supuse que sería parte de los dones poco comunes que poseía la Familia de Rosalía. Tenía los mismos ojos ambarinos de su predecesora.
El teniente ordenó a sus hombres. Apostó tiradores en los altos y los roqueríos circundantes, y dejó a los más diestros en el combate cuerpo a cuerpo (uno de ellos era un sujeto enorme, que mediría algo así como 2 metros y medio, y tenía los hombros con grandes tatuajes de anclas) junto a el, en el puente.
Entonces noté con sorpresa que los Enemigos traían un tanque.
Mi cuerpo se removió por segunda vez, pero fallé en despertar. Entonces intenté avisarle a Mirhan, pero no pude moverme: estaba medio conciente, medio dormido.
Me maldije por querer despertar.
La avanzada enemiga giró en el último recodo, y se encontró con los defensores.
Reconocí al oficial mayor de la tropa: era Carl Exorville, un hombre que me producía una repulsión especial, por las atrocidades que había cometido durante la guerra.
Una de las desventajas de ser el soñador del sueño, es que sabes mucho acerca de todo.
Tenía el cabello de un color a medio camino entre el celeste y el rosa, y una larga cicatriz que solo es posible en un sueño, que le recorría desde la ceja hasta el labio, como una larga serpiente plateada, sin deformar en demasía su Expresión venenosa.
Río.
-Soldados del Este- gritó- bajen sus armas y no será necesario el derramamiento de su sangre.
Mirhan respondió haciendo fuego sobre sus enemigos, y los tiradores pronto diesmaron la tropa atacante. Sin embargo, los números de los Industriales superaban a los Republicanos.
Uno a Uno, los Soldados del Quinto fueron callendo.
La carga Industrial fue brutal. Sus armas eran más avanzadas, y más mortales. Además, no desdeñaban los viejos métodos: Sus fusiles, además de balas, tenían una bayoneta de acero templado, con un pequeño canal para veneno.
El gigante calló atacado por tres soldados enemigos al mismo tiempo, pero en recompensa, se llevó a los tres consigo.
Finalmente, Mirhan también calló, herido por una bala, pero no supe donde. Sentí que no podía haber muerto. No podía.
Exorville río nuevamente, desde arriba del tanque.
-Avanzamos- dijo, simplemente.
Sus hombres no se sentían alegres. Muchos de los suyos habían caído, y dos o tres de los más nobles se sentían miserables por haber destrozado así a sus enemigos. Aún recordaban que todos los que estaba allí eran humanos. Me sentí angustiado, depcionado y culpable. Si no hubiese tratado de despertar, quizás podría haberle avisado a Mirhan.
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on viernes, 7 de mayo de 2010
at 5/07/2010 07:05:00 p. m.
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Delia
El día que te despida te regalaré un tulipán blanco, y dejaré en manos del mar que te lo haga llegar.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
El día que te despida te llorarán las estrellas, y tus hermanas las aves plegarán las alas en honor a ti.
El día que te despida llorará mi piano, y mis ojos.
Confío en verte antes de tener que despedirte, amiga mía.
Confío en que me esperes hasta que llegue cerca de ti.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
cuando la música cesa
Mora mi alma imperecedera oculta
En medio del Imperio de los Dragones.
Junto a la menor, mi menor oculta la primera pieza
Junto al sol, mi menor oculta la segunda pieza
Repito, mi menor oculta la tercera piezaPero junto a la menor y a mi menor,
Y junto a los dos soles,
Y Repito, a la menor,
protegida por la armonía de una estrella yace
la entrada oculta a mi alma imperecedera.