William, parte I  

Posted by J.

Este es uno de los cuentos que tengo en carpeta hace más tiempo. Es tan antiguo, tan antiguo, que las mujeres de este cuento nisiquiera tienen el cabello rojo. Menos los ojos verdes.
La idea se me ocurrió cruzando la calle, y por culpa de ella casi me pega un auto(inserte risas aquí). Lo peor de todo fue que por el susto, se me olvidó la idea, que era francamente brillante. En su lugar, tuve que empezar a escribir esto.
Primera parte del Cuento de William.




William y yo nos conocimos a los 15 años, un lunes brumoso de invierno.
La primera vez que le vi, me fue totalmente indiferente.
Sin embargo, conforme el tiempo y el azar nos fueron acercando, y me vi obligado a conocerle, comencé a apreciarle.
Will era de esas personas que siempre tienen una palabra de aliento los días tristes, una poética los días melancólicos, y una broma todos los días.
Su sonrisa era sincera y valiente, y sus ojos siempre sabían reconfortar.
Después de tres meses, ya era mi mejor amigo, y creo que el me consideraba del mismo modo.
Nos unía la pasión por la lectura, aunque nuestros temas era diferentes. Mientras yo prefería la economía, la actualidad y la política, William había escogido el CamiNo de la Literatura: la fantasía, la maravilla, la ilusión, la ficción. Si mi mundo era un mundo real, concreto hasta la medula, el de el era un mundo Etéreo, liviano, ágil y flexible.
Cuando terminamos el colegio, ambos partimos hacia la capital.
Yo opté por estudiar Ciencias Políticas, mientras que
William, literatura.
Entramos a la misma institución, y nos reuníamos todos los días por lo menos algunos minutos, para charlar. Su fascinación por la Literatura había crecido, y había comenzado a escribir.
Fue por esa época que nuestro circulo de amistades se amplió: Pronto fuimos algo así como 10 tontos estudiantes de distintas carreras que los días viernes se reunía para tomar algún trago, charlar y oír música. Si, que buenos recuerdos. Allí estaban Laigh, Aran, Charles, Shen, Miguel...
Luisa, claro, y tambien Mariann.
Si, Mariann y William se conocieron uno de esos viernes en la noche.
Su química fue instantánea, pero tardaron años en darse cuenta de que estaban enamorados el uno del otro: Eran demasiado amigos para pensar en eso.
Fue en esos viernes en la noche en que Will comenzó a hablar de viajes. Se nos hizo evidente a todos que si Mariann querría seguir con el, tendría que correr. Y correría.
El primer viaje, un verano, fue a Alemania. Luego Francia, el año siguiente, Inglaterra. Luego Grecia, Turquía, Rusia, Mongolia.
Para el viaje a China ya estabamos todos trabajando. Les perdimos la pista a ambos despues de eso. Supimos que se casaron en Canadá, y que trabaron amistad con unos Japoneses.
Las cartas se volvieron cada vez más espaciadas, y los correos electrónicos cada vez más cortos.
Pronto se limitaron a preguntar por nosotros, y finalmente dejaron de responder.
William y Mariann dejaron mi mundo de manera incólume. Ambos fueron siempre mi idealización de ser humano: ser como William era ser un hombre íntegro.
Con su recuerdo proseguí mi CamiNo.
Años más tarde, mi domicilio cambió, lo mismo que mi estado civil. Conseguí un buen trabajo, una gran casa, y publiqué un pequeño tratado de Política Globalizada.
Despues del nacimiento de mi primera hija, Anna, recibí una nueva Carta.
William nos escribía a mi esposa y a mi, para contarnos que había vuelto al país en un viaje de negocios, y que deseaba reunir al grupo de la universidad, para reencontrar a sus amigos de la juventud. La noticia nos llenó de alegría, y viajamos a la Capital en la fecha convenida.


El encuentro con el grupo es uno de los recuerdos que atesoro con más cariño. El volver a ver a personas que había perdido hace tanto tiempo era maravilloso.
William y su esposa organizaron la recepción en un pequeño pero elegante hotel del centro de la ciudad. Ella lucía radiante, aunque un poco menos dinámica que antes. Una o dos canas le recorrían ya la cabeza, pero sus ojos aún eran tan jovenes como cuando nos conocimos.
El carácter de William seguía siendo el mismo. Jovial, alegre, honesto hasta la médula. Pero su aspecto físico...
Su rostro estaba surcado por una gran cicatriz, que avanzaba desde la oreja hasta la mitad de la mejilla izquierda. Aquella Horrible marca en su cuerpo nos sorprendió muchisimo a todos, y nos costó tratarlo con normalidad en un principio.
Pero los recuerdos, la amistad y el respeto que nos unían a todos finalmente consiguieron espantar las reticencias, y las cosas fueron como antes.
Si, como en los viejos tiempos, la conversación se extendió durante largas horas, intercambiando novedades, presentando a las esposas y esposos, y a los hijos. Cuando la charla, rociada siempre con un poco de licor, parecía decaer, Charles Masks, vestido completamente de un solo color( azul, esa noche), como era su costumbre desde la universidad, le preguntó a William por la cicatriz, dejando en claro que la pregunta la formulaban el y el vaso de cerveza que le acompañaba.
William sonrío, guardó silencio un segundo, y dijo
-me preguntaba cuanto tardarían en preguntar por ella-

This entry was posted on jueves, 20 de mayo de 2010 at 5/20/2010 05:06:00 p. m. . You can follow any responses to this entry through the comments feed .

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