La vida ha sido, a mis 18 años, una especie de Camino enorme y vago. Para saber hacia donde debes ir, por donde debes caminar y por donde no debes caminar, que tramos dolerán y que tramos te harán reír, hay algunas personas que actúan como señalética en tu vida: Ves que tal les fue a ellos y aprendes que pasa allí. Hay otras personas con las que te encuentras conforme caminas: a ratos caminan juntos, a ratos se apartan, a ratos interpretan las señaléticas del mismo modo, a ratos no. A ratos se vuelven a encontrar, y luego se separan de nuevo. Nunca se sabe, en realidad.
Hay otras personas en tu camino que van al lado tuyo invariablemente. No se van a mover de allí jamás, sin importar si las decisiones que tomes sean las erradas. Y si quien se aleja eres tú, esa clase de personas siguen ahí, esperando, invariablemente, a que regreses. Y lo peor de todo, lo mejor de todo, es que te reciben con los brazos abiertos y una sonrisa electrizante, brillante y cálida. Esa es la clase de personas que vale la pena conocer.
Creo que soy una persona afortunada, porque son muchos los que no han conocido el placer de ser recibidos de vuelta, el placer de ser guiados, apoyados, esperados. Puedo decir alegre y triste al mismo tiempo que conozco personas que están dispuestas a sufrir lo que sea por mí, y que, con vergüenza lo reconozco, he hecho sufrir.
La vida es un camino duro de recorrer, pero mis padres, personas que invariablemente me han esperado, guiado y acompañado, lo han hecho un viaje seguro y memorable. Un viaje lleno de cuidado, lleno de alegrías y tristezas, de aprendizajes, de compañía. Un viaje que, a pesar de lo que a veces uno llegue a pensar, es un viaje que vale la pena ser vivido. Un viaje lleno de Amor.
Ayer fue su aniversario, y celebraban que el Amor que los unió en algún momento cumplió 22 años, probablemente más. Y que tomaron la decisión de comenzar a caminar inseparablemente hace 20 años. Con todos los riesgos, con todos los errores, con todos los enojos, abrazos, sonrisas, tristezas, lágrimas y carcajadas que ello ha traído, creo que tomaron la mejor decisión posible.
Y muchos otros también, sin duda, porque la forma en que han caminado no solo nos ha enseñado a Sam y a mí: han hecho más transitable el camino de muchos que los han visto, ya fuera de cerca o de lejos.
No tengo mucho que ofrecerles para conmemorar El Amor que los unió hace tanto y hace tan poco. Pero les puedo regalar mis palabras con todo el Amor que tengo por ustedes. En el fondo, mi Amor es por su Amor, y mis palabras son por sus Palabras, así que no es mucho. Pero los Amo a los dos, y estoy infinitamente agradecido de Dios por ponerme junto a ustedes en este camino que quiere que transitemos.
Que su camino siga junto al nuestro.
Que su camino siga alegrando los de muchos otros.
Que su camino siga mostrándole al mundo que Dios los unió, Dios los mantiene, y Dios los mantendrá.
Que su camino siga siempre juntos. Tú junto a Ella. Tú junto a El.
Gracias, y felicidades.
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on jueves, 26 de mayo de 2011
at 5/26/2011 04:52:00 p. m.
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