Saber que el problema era un asunto químico en su cerebro no
ayudaba en nada. Saber que el verdadero
problema era que ese asunto químico se habría quedado callado si no hubiera
leído tantos libros no ayudaba en nada tampoco. Saber que el asunto en realidad
era una enfermedad seria que quizás se extendería toda la vida no lo hacía
menos excitante. Saber que Cortázar llevaba muchos años muerto no hacía que sus
ojos fueran menos claros ni sus comentarios menos agudos. Saber que la voz de Cortázar
era una alucinación no lo hacía querer conversar menos con él. Saber que las
idas de Cortázar a la librería eran la forma en la que su cerebro justificaba
las pastillas no significaba que Cortázar le hiciera menos falta. Saber que
envidiar a un paciente es impropio de un psiquiatra no hacía que me sintiera
menos envidioso.
This entry was posted
on jueves, 23 de enero de 2014
at 1/23/2014 05:13:00 p. m.
. You can follow any responses to this entry through the
comments feed
.
