En el interior hay tres personas, sentadas en una especie de sala de estar. Una televisión plana cuelga de una pared, y un equipo de sonido se apoya en otra.
Numerosos estantes con libros de cuero rojo cubren casi cada centímetro de las paredes restantes.
Los sillones son de terciopelo carmesí, y en el fondo se ven unos cuantos atriles, un violín y un cello. Junto a ellos, hay dos o tres computadores.
Es evidente que el lugar ha sido remodelado, pero me pregunto como es que consiguieron llevar todo aquello hasta el quinto piso de un edificio abandonado.
Las tres personas son bastante disímiles entre sí, pero los reconozco a todos excepto uno.
La primera, la bella Aven, de cabello dorado y ojos oscuros. Viste con sencillez, igual que la primera vez, y nuevamente me prendo de su rostro durante un instante.
El siguiente es Aganishy Kins, un joven de piel oscura y ojos ágiles y ávidos de información.
Es más alto que Likidel o yo, pero inspira menos respeto que el primero.
Oí que ahora posee un arma sagrada llamada sénbora, asociada siempre a la nieve y el frío.
El tercero es un joven de mirada hosca y renuente. Lleva una mascara en el rostro, y viste con colores de pantano: café oscuro, verde musgo y negro.
Aganishy se pone de pie y me recibe.
-¡señor Tattler, es un gusto tenerlo entre nosotros nuevamente!- su voz es de registro medio, y tiene acento. Hasta donde se, nació cerca de medio oriente. Su expresión es la de un comerciante que está frente a un cliente difícil, vendiendo buena mercancía, quizás demasiado cara.
-señor Kins, para mi es un gusto estar aquí nuevamente. Aunque…-
-que sucede, señor Tattler-
-me parece que no he sido correctamente recibido.-
-oh, señor Tattler, discúlpenos, discúlpenos. Son los tiempos que corren. ¡Si usted supiera! Hemos pasado por cosas duras este último año. Es la competencia, este tema del libre mercado- y esboza una sonrisa culpable- con decirle, señor Tattler, que ahora no somos los únicos de la ciudad en proveer información. Nuestros rivales han hecho todo lo posible por desmembrarnos señor Tattler, ¡todo lo posible!-
Río por lo bajo, porque se que los métodos de Valhar no eran los más limpios.
-supongo, señor Kins, que ustedes también han atacado a sus competidores-
-oh, claro que si, pero con métodos menos destructivos que los de ellos. Oh, señor Tattler, ellos han usado los más terribles caminos. Nosotros ofrecimos una tregua, una alianza, que habría sido muy productiva y práctica por lo demás, porque habríamos tenido nuevamente el monopolio, y nuestra efectividad se habría duplicado.
Pero ellos han sobornado (o intentado) a nuestros Agentes, nos han desprestigiado y lo que es peor, ¡asaltaron la base! Es por eso que el excelentísimo maestro Valhar localizó a este muchacho- y señaló al chico de los quevedos- para que con su don de hechizos protegiera la base. Pero el pobre… es un novato, sus poderes despertaron hace muy poco tiempo. Y aún no se acostumbra bien al grupo. Entonces señor tattler, olvidó avisar a sus estatuas que le esperábamos. Por favor, señor Tattler, excúselo.-
-está bien, señor Kins, pero procure que en el futuro no se repita algo como esto.-
Volteo hacia el muchacho, y le dedico una mirada de desprecio.
-bien, ahora, por lo que vine- digo a Aganishy
-oh, claro que si, señor Tattler. El señor Dashar le espera en el despacho principal. El es ahora el jefe de sección. La asociación del señor Valhar ha crecido mucho el último tiempo, y nosotros somos la sección de informantes.-
Kins me hace pasar a una oficina contigua al salón donde me encontraba hasta ahora.
En su interior, sentado en un escritorio de madera labrada, debajo de un gran cuadro que representa un desierto, un hombre de barba espesa y piel oscura.
Aganishy se queda en el dintel de la puerta, y Dashar le hace un gesto para que se retire.
-tome asiento señor Tattler. Cuénteme, que es lo que lo trae hasta mi humilde equipo.-
-busco información, señor Dashar. Sobre un sujeto llamado Alex wright, y sobre la ocupación de el dios de la soledad actualmente.-
-y, cuénteme señor tattler, ¿como planea pagarme?-
-con información sobre Likidel y nuestro equipo.-
-¿traicionará a su gente?-
-abandoné el equipo hace un año, pero guardé la data de las misiones. Le dará noción de los métodos de Likidel. Le será sumamente útil a su asociación.-
Le acerco el sobre con la información falsa.
Dahsar la mira, suspicaz, pero finalmente acepta.
-Alex wright- dice, mientras voltea y busca en el ordenador junto a el.-Aquí está. Sheirá Alex wright, ahijado de Nosoros y Ezhengo, dioses del silencio y las cadenas lunares respectivamente. Actualmente pertenece al equipo de Eneleth, como reemplazante y Agente de campo. Es compañero de…-
Lo interrumpo
-¿que es un Sheirá?-
Me mira suspicaz nuevamente. Parece no abandonar esa expresión de duda.
-un Sheirá es un guerrero que recibe su poder de alguna deidad de Aica. Generalmente son nacidos en Koultland, pero también los hay de otros países… y mundos.
Se vuelven ahijados de estos dioses (en Koul la palabra es Sor) a cambio de luchar por la justicia, la equidad, o cualquier otra cosa que el Sor desee. A veces, incluso piden luchar por el odio.-
-¿que pidieron estos dos dioses a wright?-
-justicia. Equidad. Honor. Y proteger la Puerta Oculta para que no haya más tráfico entre mundos.-
Asiento. Me pregunto que clase de poder le otorgarían los dos dioses a wright.
-que poder tiene wright-
-bueno-responde lentamente Dashar. Está leyendo la pantalla del ordenador.- aquí dice que wright puede cambiar de forma, puede cambiar su voz, y puede hacer llamas en su mano derecha, aunque brevemente. Tambien dice… que puede usar un arma de cada dios: la katana sagrada de Nosoros, y las cadenas que atan a Ezhengo a la luna de Koultland.-
- ¿a que se refiere con eso?-
-es un poco de mitología de Aica. Se supone que este dios Ezhengo fue encadenado a la luna por un dios malvado, y ahora la arrastra durante la noche. Al parecer, es correcto. Wright puede usar esas cadenas.-
-¿hay algún índice de efectividad?-
-si, de hecho hay uno. Señor Tattler, debo decirle que… después de usted, este Sheirá es el que posee el índice de efectividad más alto.-
-¿Cuánto?-
-91%-
El mío es de 92%. Está casi a mi nivel. Asiento con la cabeza.
-¿Qué hay del equipo?-pregunto
-es compañero de una muchacha con nombre de Agente Narieth Egenya. Y es hermano de Hen Wright, a quien llaman la serpiente. Al parecer se unió hace poco a Alex y Narieth. Se dedican a labores de protección y ahora a edificación y demolición. Hen posee dones de escalas altas. De cuando en cuando, Alex hace algún reemplazo.-
-¿han tenido algún contacto con Likidel?-
-el señor Kaser… al parecer si. Me da la impresión, señor Tattler, de que el señor Likidel ha estado tratando de forjar una alianza con el equipo de wright.-
Eso explicaría de donde sacó toda la información el Sheirá. Me parece que ya se suficiente sobre ellos. Aunque…
-¿hay algún registro de combate del señor wright?-
- en efecto, hay dos grabaciones. ¿Desea una copia de ambos, señor Tattler?-
-serían muy útiles, gracias.-
Dashar inserta un disco en el lector del computador y al cabo de unos breves instantes me lo entrega.
-¿gustaría verlo?-
-por favor-
Dahsar hace reproducir ambos videos.
No duran más de un minuto, y son grabaciones de las cámaras de seguridad de un estacionamiento y el lobby de un hotel.
En el primero, un joven de aspecto oriental se acerca a un hombre con una pistola.
-wright es el oriental. No suele usar su verdadera forma para combatir.-
Suena lógico. Yo me hago invisible en los combates.
El hombre de la pistola comienza a correr derecho hacia wright y lo golpea. Evidentemente el plan es dejarlo en el suelo para luego disparar. Puede haber dos motivos. Uno, no tiene buena puntería, o dos, confía ciegamente en su fuerza.
Wright ha caido, y el hombre hace fuego. Pero para mi sorpresa, dos cadenas han agarrado los brazos del oponente, y desvían el tiro. Una llama de fuego sale de la mano derecha de Alex, que llega al rostro enemigo.
Al desvanecerse, sin embargo, no hay quemaduras en el rostro.
-wright no usa su fuego para quemar a sus oponentes, si no para cegarlos. El hombre de la pistola en estos momentos no es capaz de distinguir nada, y wright aprovechará el momento para terminar la batalla.-
Entonces la figura de wright se desvanece y reaparece detrás de su enemigo.
-¿eso es teletransportación?-
-así es señor Tattler. Olvidé mencionarlo, disculpe usted.-
Wright golpea a su oponente con el canto de su espada, y le deja inconciente. El video termina.
-¿no los mata?- pregunto extrañado.
-de hecho, no. Su historial no cuenta ninguna baja-
-eso representa un problema ¿o no?-
-usted tampoco cuenta bajas en su historial, señor Tattler.-
-no, pero yo borro sus recuerdos después de cada batalla. De ese modo, quedan totalmente inutilizados.-
-bueno, el líder de su equipo puede apagar los dones de los Agentes, sin importar si los haya entregado El o no. Eneleth siempre elimina los dones de sus oponentes.-
-pero este sujeto-
-oh, el no era real. Era una representación Gekidan-
Gekidan… lo busco en mis recuerdos.
“El Gekidan es la capacidad de crear objetos o ilusiones merced de la Energía Gekidan del portador. Permite hacer que objetos cambien de forma, color o peso, y además permite mover objetos Gekidan a grandes distancias”
En suma, el oponente de Wright no era más que….
-un maniquí con Gekidan de un Agente de campo- dice Dashar.
Asiento. No esperaba que hubiera Agentes con Gekidan. Likidel lo mencionó como una de las artes alquimistas de Aica, algo poco común.
Miro la hora. Debería apresurarme, porque el retorno a casa será un poco más pesado que el viaje de ida. Además, me duele el estomago.
- ¿que hay de becladajon?-
Dashar vuelve la mirada hacia el computador y busca.
-becladajon…-me mira receloso- actualmente, está fuera del negocio mágico. Ha adoptado una identidad humana, se ha introducido en el sistema de registro civil de este país y se ha unido a un partido político.- me mira por sobre sus lentes rectangulares, con ojos marrones- francamente, no tenemos la mas mínima idea de que planea hacer ahora.-
La noticia me sorprende. ¿Un partido político? ¿Que diablos se supone que está planeando?
- le imprimiré lo que tenemos sobre este partido, señor Tattler, y sobre las últimas ocupaciones del dios. Por cierto… la identidad humana de becladajon es Mordred Laban.-
Asiento, y recibo los papeles que Dashar me entrega.
Entonces…
Lanzo mi mente contra el cuerpo de Dashar y lo pego a la pared, junto con su silla. Encadeno sus manos y pies firmemente, y sostengo su cabeza erguida.
-que dem…- pero sostengo sus labios, su garganta y sus cuerdas vocales para que no pueda exhalar el más mínimo sonido.
Cierra los ojos firmemente, pero yo los abro con un tentáculo.
Un fuerte dolor de cabeza me recorre, pero debo terminar.
Acerco mi cuerpo, y despierto el dragón azul.
Arremete contra el ojo izquierdo de mi informante, y entra en el con un leve gruñido.
Ambas pupilas se iluminan levemente de un celeste pálido, y luego queda inconciente.
Dejo lentamente caer su cuerpo sobre su silla, y cuando despierte pensará que el sueño lo venció. Se dispondrá a atender a su siguiente cliente, y no recordará nada de nuestra conversación.
Reviso el computador y borro cualquier registro que evidencie que imprimió algo, o que haya enviado en la última media hora.
Luego tomo mis papeles y los papeles falsos que le entregué y salgo.
-¡señor Tattler!- me dice Kins- como ha ido su reunión con el señor…- pero le interrumpo con un borrado. Recordará lo mismo que su señor. Lanzo su cuerpo ha un sillón.
Anías, el niño de los hechizos arremete contra mí, pero lo elevo con la mente y lo lanzo hacia una pared a mi costado.
También borro sus recuerdos con un rugido.
Entonces salta el chico de la ropa oscura, y me lanza numerosos cuchillos rojos, con adornos y pequeñas banderillas.
Los desvío con mi mente sin mover ni un poco mi cuerpo. El cansancio me invade, pero ¡aún no termino! ¡Debo parecer invencible si deseo serlo!
Lo elevo y lo acerco lentamente. El gesto parece histriónico, pero la verdad es que estoy casi al límite.
-¡Aven!- gime-¡Aven!
Aven me mira recelosa, llena de dudas y temores.
-¡Aven!-
Sigue dudando. Ya casi está frente a mí.
-¡Aven!-
El chico está frente a mis ojos.
-olvidar- le digo- lentamente a todos nos ocurre. Pero por algún motivo, le tememos con fervor. Ahora… desespérate y olvida.-
Mi dragón salta sobre el.
Le lanzo a otro sillón y me acerco con paso firme y pausado hasta Aven.
-de todas…- le digo- eres una de las pocas víctimas a las que me gustaría no hacer daño.-
Los ojos de la muchacha están llenos de lágrimas.
-no…- intenta decir.
-créeme. Estarás más segura si nunca te enteras de que estuve aquí.-
Mi dragón cierra sus fauces de fuego Azul sobre sus recuerdos. La deposito suavemente sobre un sillón, y le beso la mano. Otra víctima inocente. Los demás eran ratas y sabandijas, vendedores e hipócritas. Pero ella no.
Ya casi termino.
Expando mi mente por toda la habitación y busco algún hechizo o dispositivo de seguridad.
Por algún motivo, el único hechizo que detecto es el de las estatuas, y no hay cámaras ni grabadoras.
Me sorprendo, pero no demasiado.
Kins siempre fue un tacaño con sus cosas, y buscaba gastar lo menos posible.
Entonces extiendo mis tentáculos a través de la puerta y tomo las cabezas de las estatuas. Noto un intento de mente hecho de magia en ellas, y lanzo mi dragón hacia ellas, esperando que quizás pueda comer sus registros.
En efecto, las imágenes de mi mismo han sido borradas con la limpieza precisa, y no hay rastro ni detalle que delate mi presencia.
Salgo tranquilamente de la habitación y camino hasta la costanera.
Me siento en una de las bancas y me duermo por quien sabe cuanto tiempo.
Al despertar, llueve sobre mí, y el agua parece haber limpiado de algún modo mi alma terrible, y haber curado de algún modo mi mente brutal.
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on miércoles, 28 de enero de 2009
at 1/28/2009 01:18:00 a. m.
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El día que te despida te regalaré un tulipán blanco, y dejaré en manos del mar que te lo haga llegar.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
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Confío en que me esperes hasta que llegue cerca de ti.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
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Junto a la menor, mi menor oculta la primera pieza
Junto al sol, mi menor oculta la segunda pieza
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protegida por la armonía de una estrella yace
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