Decir que estoy escribiendo es muy pretencioso. Y decir que esto que escribo es un regalo único y desinteresado por parte de esa diosa caprichosa de la que todos los artistas son esclavos sería muy parecido a decir una mentira. Así que lo mejor será pretender, solo por esta noche, que nada de eso importa, y que hay una historia que quiso ser contada y no encontró a nadie más idóneo para la labor.
"es su cabello rojo, Laigh. Siempre lo fue"
Laigh le sonrió al hombretón de largo sobretodo negro que sostenía una taza de té que hervía acompasadamente.
"fue eso, desde el primer momento. No pude apartar la mirada. En aquellos años tu estudiabas violín, ¿lo recuerdas? te dejé en la puerta de la casa de tu profesora y luego emprendí el camino de regreso. Jamás, jamás pensé que todo cambiaría tanto ese día. Pero allí apareció ella, como un milagro pelirrojo e inesperado, como..."
El hombre se interrumpió, dio un sorbo a su humeante té, y sonrió
"A Elixabeth le fascina el té. Es extraño, ¿no? nosotros siempre pensamos que el té era lo más simple y apagado del mundo. Y ella habla de sabores, de diferencias, de tonalidades, de cuanta cosa podrías imaginar. Elix es como el té. Nunca me habría imaginado que podría tomar té tanto tiempo, y que siempre hubiera algo nuevo por descubrir"
Laigh volvió a sonreir, y volteó la página. El sobretodo se colgó en una percha, el té dejó de humear
"No, no es una buena imagen. A nadie le gusta que le digan que es como el té, ¿no? al menos, a mi no me gustaría. Que extraño. Ser como el té."
El hombre se detuvo, y miró confuso a su al rededor
"Siempre me cuesta mucho intentar compararla. En cierta ocasión pensé que Elix era como... saltar de un puente, en bungee, o como sea que se escriba. Esa adrenalina, esa inseguridad, ese riesgo... pero claro, es tremendamente feo decirle a alguien que bien podría matarte." Laigh rió abiertamente, y la luz amarillenta que entraba por una de las ventanas se sobresaltó levemente. "No lo sé. A veces creo que Elix es como cuando, después de muchas horas de tener una palabra en la punta de la lengua, la encuentras. O como cuando sopla el viento una noche calurosa de verano, y trae música lejana, y nunca alcanzas a distinguir más que los bordes de la canción que trae, y todo lo demás es una gigantesca incertidumbre. Si, esa es una buena forma de describir a Elix. Espero."
Laigh y El hombre del té rieron al unísono.
"Elix es una incertidumbre, un riesgo. Una pregunta irrespondible. Supongo que es comprensible que tenga dudas, ¿no? digo, estando a apenas dos días del matrimonio... la idea de... cometer un error irreparable me llena de desasosiego. Si las cosas salieran mal y yo acabara perdiendo a Elix..."
La campanilla de la puerta sonó, las bisagras se quejaron, el pequeño Mirhan y su mochila entraron e hicieron crujir la madera del piso. Laigh le dedicó su blanca sonrisa y cerró el libro que tenía en las manos.
"Buenas tardes, muchacho. ¿Tuviste suerte con el libro con secreto?"
"No en realidad, Señor Laigh, está escrito en un idioma incomprensible. ¿Que tiene ahí?¿ es un libro seguro?"
Laigh miró el volumen entre sus manos, cerrado y silencioso, y observó como la imagen de su joven hermano se disipaba frente a él
"oh no, pequeño, esto es un libro de recuerdos. Tiene cartas, perfumes, partituras de música de otro tiempo. Y un libro de recuerdos es por mucho "Laigh se arregló los lentes y le dedicó una mirada muy seria a Mirhan "por mucho, la clase de libro más inseguro que hay."
"¿a que se refiere? los recuerdos están ahí siempre, no creo que puedan cambiar mucho"
"oh, no, los recuerdos no cambian tanto- aunque es preciso convenir que si cambian. Lo importante, lo peligroso de un libro de recuerdos es que nunca sabes que podrían hacer esos recuerdos en ti. Un libro de recuerdos puede ser mucho más impredecible que cualquier otro libro"
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on sábado, 19 de enero de 2013
at 1/19/2013 03:15:00 a. m.
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Delia
El día que te despida te regalaré un tulipán blanco, y dejaré en manos del mar que te lo haga llegar.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
El día que te despida te llorarán las estrellas, y tus hermanas las aves plegarán las alas en honor a ti.
El día que te despida llorará mi piano, y mis ojos.
Confío en verte antes de tener que despedirte, amiga mía.
Confío en que me esperes hasta que llegue cerca de ti.
Esto sigue siendo verdad. Te extraño.
cuando la música cesa
Mora mi alma imperecedera oculta
En medio del Imperio de los Dragones.
Junto a la menor, mi menor oculta la primera pieza
Junto al sol, mi menor oculta la segunda pieza
Repito, mi menor oculta la tercera piezaPero junto a la menor y a mi menor,
Y junto a los dos soles,
Y Repito, a la menor,
protegida por la armonía de una estrella yace
la entrada oculta a mi alma imperecedera.